Las
(nuevas) Tecnologías de la Información y la Comunicación (TICs) son
herramientas que, evidentemente, pueden sernos de gran ayuda en nuestras
prácticas pedagógicas, no sólo por lo relevantes (y atractivas) que pueden
resultar para nuestros estudiantes, sino por su valor intrínseco desde el cual
redefinen y resignifican nuestras propuestas didácticas.
La
lectura de la bibliografía me hizo pensar en una estrategia de gran ayuda en mis
clases, una analogía: la Web 2.0 es a la Web 1.0, lo que la Educación
innovadora, democrática (y democratizante), inclusiva, constructivista y
verdaderamente (trans)formadora es a la Educación tradicional.
La
Web 2.0 es un término que describe un hecho disruptivo que dio paso a una Web más
abierta y dinámica, que permite a sus usuarios crear espacios propios, producir
contenido y opinar; como alternativa superadora de una Web (1.0) cuya lógica
estaba en concordancia con la producción de contenido jerárquico, controlado
por grupos reducidos de expertos y académicos, como “proveedores de contenido”
(Dede, 2008).
En
esa misma línea, la Educación actual se encuentra (o debería encontrarse) en un
momento de ruptura y transición hacia un espacio más abierto y dinámico que de
cuenta de los cambios de paradigma y de las necesidades actuales de nuestros/as
estudiantes y de nuestra sociedad.
Nos
animamos a cambiar a la Web 2.0. ¿Nos animamos a cambiar la Educación?